ESPERANZA
Mario H. Romano, Doctor en Psicología
Poco se habla de la esperanza.
Acostumbrados a tratar el daño, adicciones, insatisfacciones, desasosiego, depresiones
cíclicas, agresiones compulsivas, etc, en nuestro sistema de vida actual,
postergamos hablar de salud. Uno de sus atributos más importantes es la
esperanza.
La
palabra "esperanza" proviene del latín sperare, o elpis en griego, que significa
"esperar" o "tener esperanza".
Es decir, esperar bien, esperar favorable.
Se refiere a la espera
confiada, no pasiva, si no activa. Es un modo de facilitar aquello que deseo, o
necesito. Sin perjudicar la libertad de terceros.
Expectativa de que un deseo o necesidad
pueden tener un curso sensato y favorable. Y motiva que se disponga la energía
necesaria para alcanzar la propuesta. También se traduce como una proyección expectante y confiada.
Su carácter anticipatorio influye
en el presente. Protagonizo mi búsqueda en función
del objetivo que aspiro alcanzar. Por ejemplo sentirme mejor, ahorrar,
aprender, gestionar.
Una consulta médica, técnica, de servicios “espera” confiada un efecto positivo. No lo hacemos
para satisfacer al profesional, o al constructor o al agente de viajes, sino para resolver instancias
propias.
La desesperanza se traduce como ausencia de sentido, o pérdida anticipada.
Es socia de la pulsión de muerte o destrucción, alimentada por contenidos negativos,
autoagresivos, masoquistas, tanáticos. Cerrar posibilidades, no pensar,
negar lo que se siente, conservar miedos paralizantes, repetir equívocos que duelen,
quedar inactivos, insistir con reproches ciegos, victimizarse de modo
indefinido…
En psicoanálisis la esperanza está asociada a
la pulsión de vida. Es abrir alternativas (siempre hay más de una),
flexibilizar posiciones (probar otros enfoques), facilitar pasajes (metáfora inconsciente
del naciente cuando asoma su cabecita), resolver resistencias que generan
malestar, buscar soluciones creativas ( explorar, inventar, descubrir), reconocer
límites (bordes, topes, fronteras), aprender, potenciar capacidades (mejorar
las que hay, cultivar otras), sacar provecho de una dificultad (“no hay mal que
por bien no venga”, o rescatar lo que hay para seguir), desdramatizar (reducir la dimensión del conflicto a su mínima
expresión, sin negarlo), desinflamar (aflojar)…
La esperanza se sostiene con una disposición mental y anímica positiva,
optimista, con mirada lúcida y concreta basada en evidencias.
No es una actitud ilusoria, ciega o vacía. Si así fuese se acercaría a un disfraz
neurótico o psicótico.
La esperanza es pulsión de vida, disposición participativa hacia adelante. ¿Qué hago -de mi parte- para que aquello que deseo o necesito sea posible?
Estimula probar, investigar y descubrir lo que hay por delante en el camino. A cualquier edad. Siempre
hay algo para encontrar. Quien busca.
Alizade, Alcira Mariam, “Lo Positivo en Psicoanálisis”,
Ed Lumen, Bs As, 2002.
Freud, Sigmund, “Compendio del Psicoanálisis”
(1938), Obras Completas, Tomo III, Ed Biblioteca Nueva, Madrid, 1973.
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