APRENDER (o repetir)
Mario H Romano, Doctor en Psicología
No repetir.
¿No repetir qué?
¡Lo que hace daño!
Para no repetir es necesario revisar y entender de
qué se trata.
No es una fórmula o un acto que se aplica de
inmediato, o una respuesta que podemos encontrar en el cerebro tecno de la
inteligencia artificial.
Requiere un paciente trabajo de tiempo, consciencia
y reflexión. Por este motivo pocos lo hacen.
Para cambiar es necesario poner en movimiento las
células grises, como dice el personaje del inspector Poirot(1),
similar a la dinámica con partículas de fotones para generar la luz.
Sin esta disposición interior se vive en penumbras y
se choca con los mismos obstáculos que generan dolor, depresión,
malestar. Es indispensable desentrañar el equívoco. Otra vez, entender de qué
se trata, “hacer luz”.
Nadie
cambia lo que no conoce o se resiste aceptar.
Una defensa muy común es adjudicar a otros el
malestar que se siente, y evitar o negar la propia responsabilidad en los
hechos que se generan. Victimizarse, justificarse, conservar miedos pasados se
orientan en esa dirección. Y en un grado extremo se evidencia en delincuencia
compulsiva, mentiras reincidentes, ludopatías.
También se aprende por ensayo y error, pero siempre
y cuando se capte el desacierto, la traba confusa, ininteligible. En psicoanálisis se identifica como falso enlace. Se trata de comprender. Y por este camino sanar el malestar.
Deseable es repetir los aciertos. Aunque siempre es
posible mejorarlos. Y continuar creciendo.
(1)
Agatha
Christie, “Poirot Investiga” (1925), Selecciones de Biblioteca Oro, Editorial
Molino, Barcelona, España, 1980.
Comentarios
Publicar un comentario