ÓPTIMO o PÉSIMO.
Mario H Romano, Doctor en Psicología
Todo malestar induce a encontrar las causas y
motivos que lo provocan.
El deseo y necesidad de revertir una situación
penosa nos invita a la acción.
Pero si nos inmovilizamos, agudizamos lo que nos
pasa.
Mucho influye en un resultado la conducta que asumimos.
Una actitud optimista sana, no idílica e ingenua, permite
rescatar el lado favorable de las situaciones, aún en contingencias difíciles.
Es una disposición que permite descubrir la salida
de un laberinto (léase algo “complicado), o desarrollar un proyecto.
Parte de una premisa: “¿en lo que de mí depende, qué
puedo hacer?”
Evalúa lo que suma —personas, recursos, alternativas—
y busca respuestas.
Milton H Erikson (1)
y Helen Keller son dos ejemplos —entre varios— que ilustran esta disposición.
Erikson (1904-1980), psiquiatra, de niño tuvo disfunciones
neurológicas y dos brotes de poliomielitis. Superó sus síntomas a través de un
largo proceso de autosugestiones hipnópticas y formó un método terapeútico que lleva
su nombre, de gran influencia en el mundo, sobre todo en EEUU.
Keller, (1880-1968), ciega y sorda, obtuvo un título
universitario. Escritora, oradora y activista por los derechos de las personas
con discapacidad. Se le atribuye la frase “…nada se puede lograr sin esperanza”. Siempre y cuando se trabaje en la dirección correcta.
Optimismo es un modo de enfocar la realidad. Discernir
los pro y los contra sin autoengaños, valorar lo que hay, y seguir
adelante.
Un ejemplo vital ocurre con la angustia. ¿Quién no
la ha experimentado? Se presenta como señal de advertencia. La acompañan
vivencias de incertidumbre, desasosiego, tensiones.
El pesimista exagera y dramatiza las situaciones que vive. Muchas veces por amenazas alimentadas en su propia imaginación. Fabrica miedos que le inhiben y paralizan. Sea para asumir un compromiso inminente, viajar en avión, o emprender algo nuevo.
Al respecto nos podemos preguntar: “¿qué haría si no tuviese miedo, o a pesar de él, me atrevería afrontar lo que necesito superar?”(2)
La persona con optimismo busca respuestas. Si lo
considera necesario consulta con un profesional para desentrañar su malestar, y
superarlo.
Siempre hay una salida. El optimista explora hasta encontrarla.
(1)Erikson
Milton, Escritos Esenciales, comp. Harry Procter, Paidós, Barcelona, España,
2001.
(2)Spencer
Johnson, ¿Quién se ha llevado mi queso?, Empresa Activa, Bs As, 2012.
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