BRUJULA

 Mario H Romano, Doctor en Psicología

 

Metáfora: en la vida recorremos varios territorios y climas. Unos llanos, otros escarpados, templados, fríos. Experiencias gratificantes, difíciles, vacilantes…  

Nos orientamos con nuestra brújula interna buscando un norte.

Valoramos por contraste caminos acertados de erráticos: bienestar vs pesadumbre, amor vs odio.

Sabemos que la realidad humana transita entre grados.

El amor no excluye broncas, tensiones, desasosiegos. La felicidad tampoco.

Crear no es un proceso lineal. Atraviesa dudas, planteos, incertidumbres.

El bienestar se construye resolviendo avatares. La salud igual.

 

Aprendemos a flexibilizarnos para encontrar claros entre oscuros, o matices para eludir los engañosos extremos: dramatizar (exagerar), negar (reprimir) o idealizar (perfeccionismo).

También conocemos que todo (favorable y desfavorable) no se cristaliza para siempre, salvo la muerte.

 

Consecuencias prácticas para la vida cotidiana

Los extremos permiten diferenciar los opuestos, y descubrir opciones intermedias (transaccionales) más operativas y naturales.  Requiere calibrar (flexibilizar) la brújula con criterio (a veces ausente), lucidez y sensibilidad perceptiva.

 

Una buena brújula personal combina una legítima atención hacia los demás, y la intransferible responsabilidad de asumir lo que deseo, pienso y hago. (1)

(1)   Repensando el Psicoanálisis desde la Persona, Alfredo J. Panceira Plot, Lumen, Bs As, 2007.

 

 

 

 

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