DESEO SATURADO

Mario H Romano, Doctor en Psicología

 

El deseo saturado es un indicador clínico de los tiempos actuales. Se produce por una persistente sobrecarga no elaborada. Termina por inhibir el placer y sabotear los propósitos que se persiguen. Además, obstaculiza crear. Puede manifestarse de modo esporádico, parcial o permanente.

Sus efectos se traducen en apatía, desinterés, distimia (decaimiento prolongado, baja energía), falta de iniciativas, agotamiento físico y emocional, aburrimiento, desasosiego.

La sensación de hartazgo se produce por la persistencia ininterrumpida de estímulos que terminan por ahogar el fluir natural de ideas y sentimientos, así como las grasas y la glucemia acumulada en los vasos dificultan la circulación sanguínea.

Sobre-estimulación sin pausas. Ejemplos: exceso digital, vincular (relaciones posesivas), informático y autoexigencias desmedidas.

Para atenuar el malestar se buscan gratificaciones inmediatas, pasatiempos improductivos o se reactivan respuestas evasivas.

Involucra no solo a los adultos. También a niños y adolescentes.

 

Hay factores ambientales que inciden.

Vivimos en un entorno abrumado por estímulos constantes. Es una categoría antropológica de nuestro tiempo: permanecer dinámicos, lograr resultados, asumir desafíos, y sobre todo consumir. Adicción pulsional a la captura de bienes materiales, contenidos digitales, entretenimientos, información.

En el mundo de hoy nuestra capacidad de respuestas es insuficiente para asimilar la sobrecarga de estímulos que a diario recibimos. Agudizamos un alerta permanente hacia el entorno y disminuimos el filtro para diferenciar, pensar y sentir. Incluso el placer está condicionado por el apremio eficiente y rápido, independiente del goce.

 

La estrategia es despejar presiones y lograr mayor libertad interior.

 

Bajar exigencias ciegas, seleccionar lo que digerimos, pensar con mayor lucidez, recuperar espacios personales. Es un proceso que lleva tiempo, valor y sinceridad.

Es hablar/nos y concientizar el malestar que hemos acumulado. No es poco.

Es asumir lo que hemos negado, o porque nos duele o porque nos compromete a una decisión que venimos postergando.

Es dejar de repetir la queja justificatoria que nada resuelve.

Es enfrentar el miedo fantasma que inhibe y angustia.

Ayuda tomar distancia, renovar miradas y flexibilizar posiciones. 

Siempre es posible elegir mejor.  


Luis Hornstein, Ser Analista Hoy, Paidós, Bs As, 2018

 

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